La eficiencia en aprovechar el tiempo que otros desperdician

Entre los varios tipos de proveedores que existen en el mercado, así como diversas soluciones que cada uno de ellos brinda; ¿qué tipo de variables analiza una empresa o cliente al decidirse por una solución en particular?

¿precio, empatía, servicio, eficiencia?

Entre todas las variables mencionadas, cumplir con los objetivos de tu empresa en el menor tiempo posible y con los mínimos recursos, sería música para los oídos de cualquier cliente.

Esto se conoce como eficiencia, relación existente entre lograr una meta, haciendo uso de la mínima cantidad de recursos para lograrlo. Su medición al nivel de empresa es, entonces, la cuantificación de la producción obtenida y los insumos utilizados en el proceso productivo.

Acá es oportuno preguntarse ¿qué utilidad tiene para una empresa ser eficiente?

En primer lugar, eficiencia y la rentabilidad van de la mano. Alta eficiencia podrá traer como resultado, alta rentabilidad; definiendo en nuestro caso la rentabilidad como un rendimiento que se obtiene luego de invertir unos recursos.

La baja eficiencia crea una situación no sostenible para la empresa. Por otra parte, ser eficiente en el manejo de los recursos de una empresa, traerá como resultado una alta productividad, y bajo estas condiciones, un beneficio, en términos de rentabilidad.

En segundo lugar, mediante la medición, la eficiencia en la empresa adquiere una dimensión concreta. Al cuantificar la productividad se precisan conceptos algunas veces difusos, con realidades medibles, haciendo el concepto mucho más útil.

La medición de la productividad amplía la planeación de las empresas. Una vez cuantificada la productividad se cuenta con bases sólidas para la planeación estratégica de las empresas y el seguimiento de las acciones contenidas en él. El seguimiento al comportamiento histórico de la productividad revela áreas problemáticas de las empresas.

En este tercer punto, se puede afirmar que otra de las utilidades o beneficios que una empresa puede obtener al ser eficiente, tiene que ver con una estrecha relación entre la productividad laboral y el nivel salarial. Para los empresarios y sus colaboradores, es fundamental contar con información clara, precisa y concisa para la toma de decisiones relacionadas con la distribución de la riqueza creada por el trabajo y el capital, así como la determinación de la planta óptima de personal.

En cuarto lugar, una empresa que tenga claro la importancia de la eficiencia en sus procesos fortalece la cultura de la productividad en su organización, con amplio margen para el desarrollo empresarial y económico.

Cuando somos eficientes, en este caso como empresa, podremos no sólo traer beneficios económicos para nuestra organización y sus empleados, sino al mismo tiempo generar valor agregado a los productos y servicios que ofrecemos a nuestros clientes, proporcionando como consecuencia que tanto el producto/servicio posea un mayor valor que al principio de un proceso productivo.

Hoy, el reto es ofrecer más por menos a los clientes, dándoles mayor valor añadido que la competencia, y por supuesto, a un coste menor. ¿Cómo?, eliminando todo el valor no añadido o desperdicio de nuestros procesos.

La sociedad en su conjunto tiene una expectativa de todos los negocios y propietarios de negocios como responsables y empleados que tener en cuenta esas necesidades también. Esto significa asegurarse que no contaminamos el medio ambiente o consumimos más recursos de los necesarios, así como mantener a nuestros empleados seguros en sus puestos de trabajo y en todos los ámbitos de la empresa. Todos estos requisitos del cliente son valores que debemos asegurarnos incluir dentro de nuestros valores empresariales.

“La eficiencia es hacer las cosas bien; la efectividad es hacer las cosas correctas” Peter Drucker